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VOLVAMOS A SER NIÑOS

VOLVAMOS A SER NIÑOS

Hace algunos días me encontré un texto muy interesante en el blog de mi amiga (@es_así),aquí se los dejo:

 

De pequeños todos aprendimos a colorear con dibujos predeterminados (GUSANITOS, LETRITAS, ARBOLITOS). Nos ponían una imagen muy bien delineado para saber cuáles eran los límites de cada parte del dibujo. El objetivo era no salir de esos límites, no pasar la raya. Algunos dibujos venían con números para también aprender qué color iba en qué parte del dibujo y así saber que un oso tiene cuerpo café y el interior de las orejas rosa, el mar siempre era azul y un árbol siempre era un árbol. Para aprender a colorear había que imitar la realidad. El mejor dibujante era el que menos se salía de la raya, el que mejor plasmaba la realidad a través del dibujo.

Crecimos poniéndole colores a las hojas que trataban de imitar las imágenes de la realidad.

Conforme la edad avanza, los dibujos desaparecen y los colores empiezan a cobrar otro sentido, queremos colorear otras cosas que ya no se encuentran en cuadernos. Queremos colorear las emociones, las memorias, la vida. El problema es que estamos encasillados en las mismas líneas que vimos cuando crecimos. No nos queremos salir de la raya. Nos enseñaron a encerrarnos en una imagen y a tenerle miedo a que un color se saliera de ella o simplemente a cambiar de colores. Al final son límites impuestos por la sociedad o por uno mismo.

No sorprende entonces que al pensar en una relación no queramos pintar fuera de las líneas, que salirnos de lo ya establecido cueste tanto trabajo.

No sorprende entonces que al pensar en sexo, si no hay una sección numerada no sabemos qué color ponerle.

No sorprende entonces que nos cueste tanto trabajo acetpar cuando algo que tenía que tener un color tenga otro (nos hace un corto circuito mental).

En la vida de alguien que ya no es un niño, imitar la realidad ya no es opción, el chiste es transformarla.

La buena noticia es que, las líneas están impuestas pero todos tenemos a la mano una goma. Dibujemos los osos morados y los árboles azules. Si alguien se sale de la raya, no hay que juzgarlo, hay que admirarlo. Sabe más de la vida la persona que mezcla sus colores y se sale de las líneas, porque es una persona que no está encasillada en nada. Es una persona libre.

 

 

 

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